Europa se encoge, pero su soberbia sigue intacta
Europa está ante su mayor crisis desde el siglo XIV: la población que puede trabajar está envejecida. Con una edad mediana de casi 45 años, el sistema de pensiones y sanidad que tanto enorgullece está a punto de colapsar por falta de hombros que lo sostengan. Lo curioso es que los gobiernos hablan de “rearme demográfico”, ignorando tres verdades incómodas que como profesional migrante veo cada día:
La solución ya está aquí, camina por las calles, pero permanece en la sombra para no alterar el ego europeo y la xenofobia: dicen que faltan trabajadores, pero mantienen a millones de personas en la irregularidad para que el sector empresarial pueda seguir explotando mano de obra barata “en B”. No falta gente; sobra hipocresía empresarial y política y falta inspección de trabajo y sindicatos serios.
Mientras Europa llora porque no nacen niños (que tardarán 20 años en cotizar), o los gobiernos hacen promesas a los retornados de 6.000 Euros por unidad familiar (vamos a ver si son cara duras y miserables) tienen a miles de profesionales colombianos y latinos con maestrías y especializaciones trabajando en sectores de baja calificación sin sonrojarse. ¿Cómo puede un continente que se “encoge” permitirse el lujo de desperdiciar a una ingeniera o a un científico por falta de un papel o una homologación que además es muy costosa y lenta en su proceso? Por no decir que ha colapsado el sistema.
La regularización no es un favor, es un salvavidas: El Real Decreto que se aprobará está lejos de ser una “concesión generosa”. Es una medida de supervivencia para un continente que se queda viejo y vacío. Regularizar a 500.000 personas es inyectar sangre joven y cualificada al sistema de Seguridad Social de forma inmediata.
Europa no necesita solo más bebés; necesita dejar de ser el “cementerio de títulos” del talento latinoamericano.
El verdadero riesgo no es el descenso de la natalidad, sino la persistencia de un sistema que prefiere la precariedad de la economía sumergida antes que la dignidad de la integración plena.
Si nos encogemos, que no sea por falta de personas, sino por la estrechez de mente de quienes nos gobiernan.
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Paola Nieto Guarín

